Ilustración: Juan Mayorga.

Primer lugar

Fugacidad

Subiste en Universidades, ¿casualidad? No llevabas prisa y te dejabas llevar por el viento. Calle 26 y cruzamos miradas, el corazón se aceleró y sonreíste, ¿qué sucedería si no fuéramos tan cobardes? Luego Av. 39, le pido al cielo que no termine, me miras como si no lo notara, tarareas una vieja canción. Calle 57, ¿visitaríamos el Jorge Eliécer Gaitán para un concierto? Calle 72, ¿tomaríamos vino en el Chorro? Te pediría que nos quedáramos a escuchar cuenteros. Calle 76, ¿saldríamos a ciclovía los domingos?, ¿haríamos el septimazo hasta la Plaza? Incierto. Bajé en Héroes, tu sonrisa bajó conmigo.

Juliana Ruiz, 16 años, Barrios Unidos.

Ilustración: Henry González.

Mención • Categoría infantil

Bogotá, Ciudad-estrella

En las izadas de bandera del colegio suenan los himnos. A todos nos gusta cantar. Lo malo es que en recreo el micrófono suena como unas abejas dentro de un tarro. Por eso no he podido aprenderme bien el himno de Bogotá. Lo único que entiendo es «blanca estrella que alumbra en los Andes, ancha senda que va al porvenir». Eso me gusta porque en el cielo de El Porvenir, con mayúsculas, el barrio donde queda mi colegio, puedo ver algunas estrellas y planetas en las tardes en que el cielo parece una pintura de una noche hermosa.

Marián Sofía Mesa, 9 años, Bosa.

Ilustración: Paula Ortiz.

Mención • Categoría infantil

El globo

Me cuenta mi papá que cuando yo tenía dos años, pocos meses después de que mi abuelito Édgar falleciera, me habían comprado un bonito globo de helio. Era una tarde brillante en Bogotá, de las que más me gustan; esas que dejan ver el cielo azul, las montañas del oriente y el atardecer anaranjado en el occidente; estaba tan feliz, por la tarde y por mi globo verde, que en un descuido lo solté y se fue camino al cielo. Dice mi papá que, cuando esperaba que yo hiciera una pataleta, mi respuesta fue: «No importa, el abuelito me lo atrapa».

Santiago Muñoz, 10 años, Suba.

Ilustración: Sandra Marcela Restrepo.

Mención • Categoría juvenil

Un sueño roto

Barrio Danubio, día viernes. Termino de retocar mi maquillaje y vestido, doy vuelta frente al espejo... Por primera vez me gusta lo que veo. ¡Soy feliz! Saliendo de mi casa me encuentro al chico que siempre me ha gustado, sin pensarlo dos veces le confieso mi amor; su respuesta hizo que sintiera algo en mi estómago... Pero no son las mariposas soñadas, sino su cuchillo perforándome mientras grita palabras de asco. No entiendo el motivo; después de unos segundos comprendo: es porque soy hombre.

Valentina Chacón, 17 años, Suba.

Ilustración: Andy Mo.

Mención • Categoría adultos

20 de Julio

Bajo el escritorio me descubro acurrucada, temblorosa, en aterradora súplica. El ruido de un avión a propulsión dispara las alarmas de los carros y en su ráfaga veo pasar toda mi infancia. Una luz enceguecedora me cierra los ojos. La gente busca dónde esconderse, como yo. Es un acto reflejo que no requiere de reflexión. ¿Serían tres segundos? ¿Tal vez dos? Un «Jesús» en los labios y de vuelta a la razón. Estoy en Bogotá, sí; se supone que aquí, en la gran ciudad, no hay guerra. ¿Qué día es hoy? ¿Qué sucedió? Entusiastas, los niños corren hacia la avenida 68.

Juliana León, 38 años, Kennedy.

Ilustración: Roberto Sánchez Cajicá.

Mención • Categoría adultos

¡Alcánzala si puedes!

Con chaqueta rosada y pantalón negro de licra, ella me sobrepasó en la ciclorruta. ¡Alcánzala, gánale, déjala atrás! Llegué primero a la cima en el premio de montaña sobre el puente peatonal de la avenida 50. Me adelantó a la altura de la RTVC. La aventajé al frente de la Universidad Nacional y volvió a adelantarme antes de llegar al Cementerio Central. El semáforo de la carrera 19B nos igualó. De reojo: sudor, jadeos. Arrancamos y al llegar a la Caracas… fue rumbo al norte. Quise seguirla y aún deseo seguirla. Decidí, y aún elijo, rodar hacia el centro.

Leonardo Mauricio Rodríguez, 40 años, Engativá.

Ilustración: Santiago Guevara.

Mención • Categoría adultos

Cancha de sacos

Parque Simón Bolívar, 11:28 a. m. —No fue gol. —Sí. Fue gol. — ¡No fue! —¡Claro que sí! Hubiera entrado de banderita. —Penal, entonces. —Listo. Una pareja recostada en el tronco de un árbol interrumpe el abrazo de sus labios y levanta la mirada. Una torcaza brinca espantada ante el paso de un ciclista. Zapatazo. Estirada. Balón a orillas del lago. La pareja baja la mirada y retoma lo interrumpido. Desde la rama de un arrayán la torcaza ignora al ciclista que se aleja. —Esta vez no fue gol. —¡Fue gol! Hubiera entrado de banderita. —Penal, entonces. —Listo.

Nicolás Cárdenas, 38 años, Usaqué.

Ilustración: Alekos.

Mención • Categoría adultos

Ruta fácil

Tomó un B14 para llegar rápido. Debía quedarse en CDS - Carrera 32 para abordar el F28 hasta la Nacional, pero no pudo bajar y terminó en Calle 45. Angustiado, se devolvió en el primer bus que pudo, por desgracia subió al H15 que seguía por la Caracas. Al fijarse, estaba en Calle 40 sur, más lejos que antes. Pensó en tomar un B27 hasta la 76 o un K54 por la 26, ¿tal vez un C17? Horas después decidió no ir. Finalmente, ¿qué tan importante podía ser llegar al parcial final? El próximo semestre, con más calma, tomaría un taxi.

Diego Ariel Romero, 28 años, Kennedy.

Ilustración: Elizabeth Builes.

Mención • Categoría adultos

Cuando Doña Juana despertó, el cielo se puso verde

¿Han visto Godzilla? ¿King Kong? Doña Juana fue peor. Una mañana se levantó de entre los cerros, se arrastró con pasos agrios por la ciudad y la sumergió en una hediondez que retorcía los edificios y fulminaba a las ratas. Al pasar, a cada uno le devolvió su basura. Fue generosa. No dejó manos vacías. Doña Juana vomitó toneladas de pañales sucios, comida podrida y residuos hospitalarios hasta sepultar la ciudad. Los sobrevivientes vivimos debajo. Ayer aprendimos a comer cucarachas envueltas en bolitas de papel.

Jerson José Hernández, 28 años, Usme.

Ilustración: Sindy Elefante.

Mención • Categoría adultos

28 de junio

Vi que llevaba una corona de flores amarillas sobre la cabeza, un vestido fucsia, casi transparente, todo escotado y repleto de arandelas; pestañas azules, labios rojos escarchados, aretes de fantasía en forma de lagartija. Agitaba los hombros al ritmo delirante de los tambores. Se protegía del sol con una sombrilla arcoíris y de las miradas conocidas con una capa de base facial más gruesa que su voz. Me escondí en la pastelería Florida, detrás de una vitrina, y desde ahí me di cuenta de que nunca antes, en mis quince años de vida, había visto tan contento a mi papá.

Sonia Ramón, 41 años, Teusaquillo.